Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, es también uno de los llamados «padres de la sospecha» del pensamiento occidental, socavador de conceptos que deberían ser firmes como el amor, la confianza, Dios, o el mismo «yo».

C.S. Lewis, popular por sus cuentos de «Crónicas de Narnia», también fue ateo en sus años de adolescencia y primera juventud, pero su evolución intelectual fue pareja a la espiritual: pasó a ser un cristiano convencido. Sus libros y charlas radiofónicas han llevado a muchos a la fe.

¿Qué hubiera pasado si estos dos grandes pensadores se hubieran encontrado? Es lo que se plantea en la obra abordada en esta edición de Entrelíneas.